lunes, 16 de abril de 2018

Lema 24



La vida es como
el pocker,
no basta con tener
buenas cartas.

BSO, Paid My Dues, Anastacia

martes, 27 de marzo de 2018

Adicta 8



Lo confieso:
me chutaría libros
por la vena.
A veces creo que puedo
hacerlo.
Debe ser por eso
que se acumulan 
por los suelos
formando montículos
de tiempo.
Incluso los esnifaría 
si con ello
fuesen directos
al lóbulo degustativo
experiencial
o al hipocampo
donde un brote
de neurogénesis
asegurara la eternidad
de un sistema límbico
colectivo
que abriera un nuevo
camino para la humanidad.

Amo los libros,
residencias 
de la imaginación
donde lo imposible
es una idea
en peligro 
de extinción.

Libros, libros, libros,
lugares para la libertad
y el alimento
del espíritu.

Sí, adicciones
muchas, tantas
como libros
de mis escritores
y escritoras
preferidas,
todos los que todavía
no he tenido el gusto
de conocer, de leer;
todos los que nunca
podré leer.



miércoles, 14 de marzo de 2018

Oda breve a unos pétalos rojos en el suelo de un vagón de metro




Se deshojó la rosa
se deshojaba
en el vagón de cabeza
con esperanza brava.

Se desnudó la rosa
se desnudaba
con pausa de niebla
y el palpitar a tientas.

Se descocó la rosa
se descocaba
y me dejó un mar
con espuma de alma.

Se despidió la rosa
se despedía
en la mañana alegre
de una imagen breve.

Ay la rosa
Ay la rosa
Cómo se despoja
de la vida
y de lo que le sobra.

Ay la rosa
Ay la rosa
Cómo pervive
siempre
con tinta indeleble.


(*) Fotografía de Gertrudis Losada Alva.

viernes, 9 de febrero de 2018

El frío y los trotamundos




I

Hace frío y los trotamundos
se refugian en las esquinas
de los metros.

No se sabe si duermen
sueñan o velan nuestras decepciones.
Pero tienen los ojos cerrados
y las maletas preparadas
a los lados de sus esperanzas.

A veces parece que supieran
dónde está la puerta
que conduce a los misterios
del universo
y cuando nos observan
en nuestra locura de prisas
objetivos y metas
sonríen en sus adentros,
como si eso les conmoviera.

Sus arrugas y sus silencios
son signos de conocimiento
y espejos;
y en su código deontológico
son más higiénicos
que muchos de nosotros.


II

Esta mañana 
me vi al lado 
de un tetrabrick,
con un trozo de pan
y un par de manzanas,
la vida en presente continuo
-sin ayer ni mañana-
y un perro tendido a mi lado.

Era una señora mayor
que hablaba sola,
cantaba a la luna,
me faltaban algunos dientes
y había perdido la vergüenza
el miedo y las cadenas;
y la armónica de los deseos
se la regalaba a un viandante
que le hacía más falta
que a mi alma.

Confieso que me asusté.

Fue solo un momento,
apenas un instante fugaz,
como un relámpago.

Una imagen clavada 
en mi pecho 
con una chincheta
afilada.

Luego salí de la nube.
Entraba el tren.
Seguía haciendo frío,
en las montañas nevaba,
y los trotamundos
se refugiaban en las esquinas
de los metros.


martes, 16 de enero de 2018

La caída



Para Leonard Cohen,
mientras lo descubro en su biografía,
Soy tu hombre, de Sylvie Simmons.

Alrededor del mundo
gira el ladrido
de los perros que te persiguen
y justo cuando tocan
el horizonte
se desvanecen los deseos
de los ángeles.

Si estás atento
verás destruirse Jerusalém
pero te advierto
que cuando eso suceda
el sonido de las trompetas
y los cielos resquebrajándose
frenarán los latidos de tu corazón.

¿Estás preparado para morir?


miércoles, 10 de enero de 2018

Vida 37




A Natalia Fernández Diaz-Cabal

Vuelvo a canturrear.
No es que la vida me sonría
solo es que brilla el sol tras la lluvia
y la amistad hace florecer
estos versitos.

O quizás sea una sonrisa de la vida,

sí, como la sencillez propia
de las grandes cosas
cuya apariencia engaña a la mente
pero no al corazón.


(*) Foto de Gertrudis Losada Alva.


miércoles, 27 de diciembre de 2017

En esta altura de la escalera



Nunca había visto
la tristeza
como un piso vacío
heredado en pleno invierno.

Parece que no
pero las aristas
de lo que hay que dejar ir
hacen más daño
en la memoria de las ciudades
que en los campos crepusculares
saturados de horizonte.

Menos mal 
que en algún momento
de las rutinas diarias
alguien bosteza
-o almuerza-
unos versos,
como si nada.

Y es que alcanzada
esta altura de la escalera
los días que pasan 
y se juntan
con aquellos tantos
-montañas-
que hemos ido olvidando
son buenos días
en el alma_naque.

Enfrente el piso vacío.
Con lágrimas y risas
de mi infancia
y el hacer y deshacer
de mi padre
todavía incrustado
en el sonido de la puerta
al cerrarse.

Hay que ver lo que perdura
el amor
a través de las cosas
insignificantes.